La inteligencia artificial ya ocupa un lugar concreto en los equipos de QA. El 61% de las organizaciones la utiliza en la mayoría de sus procesos de testing, mientras que otro 32% la aplica en casos puntuales.
Su uso se concentra en tareas que durante años demandaron una importante carga operativa: generación de casos de prueba, creación de datos, mantenimiento de pruebas automatizadas, optimización de scripts y análisis de resultados>. Los modelos de lenguaje y los copilotos son, hoy, las herramientas con mayor presencia.
Los resultados también empiezan a reflejarse en el negocio. 92% de las organizaciones reporta un retorno positivo tras incorporar IA en sus procesos de testing.
Entre los principales beneficios aparecen la reducción de defectos que llegan a producción, el ahorro de tiempo, ciclos de entrega más ágiles, mayor productividad y una cobertura de pruebas más amplia.
Pero incorporar IA no significa que todo el proceso quede automatizado. De hecho, apenas el 8% de las empresas alcanzó niveles de automatización de entre el 81% y el 100%.
El dato muestra que todavía existe un amplio espacio para avanzar, especialmente en organizaciones que buscan integrar estas herramientas sin perder control sobre la calidad.
La evolución no pasa solamente por incorporar nuevas herramientas. También modifica las capacidades que necesitan los equipos.
El 50% de las organizaciones considera que los profesionales de calidad requerirán capacitación específica en IA. El perfil de QA comienza a combinar conocimientos funcionales con automatización, análisis de riesgos, criterio técnico y capacidad para revisar los resultados generados por modelos de IA.
En este escenario, el diferencial no está en delegar el testing a una herramienta, sino en saber dónde aplicarla, qué tareas automatizar y cómo validar sus resultados.
La IA puede liberar a los equipos de una parte importante del trabajo repetitivo y permitir que concentren sus esfuerzos en escenarios más complejos: detectar riesgos, analizar comportamientos, anticipar problemas y mejorar la cobertura.
El desafío para las organizaciones será avanzar con una estrategia que combine automatización, métricas y supervisión humana.
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